Autor: Jacob García de Rueda

Inspirada en el trabajo de Jorge Ferrer.

Durante siglos, una parte de la filosofía oriental y de la Iglesia occidental han pretendido domeñar la carne para alcanzar la paz desapegada y elevar el espíritu que en ella habita.

Actualmente, la ciencia considera el cuerpo como una máquina biológica que se puede optimizar para lograr las metas que uno se proponga.

Se suele considerar la espiritualidad como un estado refinado de consciencia que fragmenta o silencia otras partes de lo que uno es.

En cambio, una espiritualidad encarnada es la que reconoce el cuerpo con sus necesidades genuinas, el corazón, la mente y la consciencia como co-participantes en una unión vital sagrada, plena y equilibrada.

Cada tradición puede sanar la antigua separación entre espíritu y cuerpo.

¿El “Verbo se hizo carne” no es acaso una invitación a que las propias células participen en una oración viva?

Un despertar de cuerpo y mente, igualmente trascendentes

Una mente liberada donde el cuerpo permanece alienado no es otra cosa que un estado disociativo: evasión espiritual disfrazada de trascendencia.

En el budismo Mahayana, la mente consciente se niega a un despertar parcial, no se eleva hasta que el cuerpo y los instintos también se liberan.

Mind & Bodyfulness

La atención plena propone una observación desapegada del cuerpo.

En la atención somática, el propio cuerpo despierta en un resplandor interno.

De pensar en el cuerpo a habitarlo interiormente.

De una consciencia top-down a una realización bottom-up.

El cuerpo es el fundamento mismo de una presencia: deja de ser algo que hacemos y se convierte en algo que somos: un flujo contínuo y vital que surge de la profundidad de la carne.

Como un tigre, que no vigila sus extremidades sino que es presencia en movimiento.

Un amigo entrañable.

El cuerpo ya no es una máquina para controlar y optimizar.

El cuerpo como compañero íntimo: una presencia que acoger, una voz que escuchar y con la que dialogar.

Un amor encarnado y sagrado.

Muchas tradiciones condenan el placer por ser una distracción del Trabajo sobre sí.

Pero el placer abre y suaviza el cuerpo, haciéndolo permeable a la vida.

El placer es una fuerza que enraiza el espíritu en la materia.

Una unión alquímica que resacraliza lo erótico, integrando Eros (comunión sensual) y Ágape (intimidad espiritual)

De la tradición a la co-creación

Cada Escuela ofrece su propio camino hacia la realización.

La espiritualidad encarnada es una creación viva, un diálogo con la propia inteligencia interior, que permite expandir su sabiduría y generar prácticas novedosas, arraigadas en la tradición pero plenamente vivas.

El cuerpo es tu hogar y la Tierra tu madre.

Usamos, abusamos y explotamos la Tierra con la misma inconsciencia con la que maltratamos y desatendemos nuestro cuerpo.

Cuando podamos reconocer a Gaia como una joya azul de fertilidad y exuberancia palpitante… como un milagro cósmico en el espacio frío y vacío… El único lugar conocido donde consciencia y la materia co-evolucionan…

Ese día podremos también aterrizar del todo en nuestros cuerpos que de ella se nutren.

Tu cuerpo se compone de átomos que tienen miles de millones de años

Tu cuerpo es un eco de hidrógeno del Big Bang: el universo infinito expresándose a través tuyo.

Cuando la espiritualidad reside en la mente, vivimos en el mundo ilusorio de Maya.

Cuando incluye al cuerpo, la realidad se vuelve más densa, la materia no es un obstáculo a procesar sino espíritu en su forma más condensada.

El contacto como vía de acceso a la espiritualidad somática.

Cuando el contacto físico se hace contemplativo, afianza y amplifica la comprensión espiritual.

En lo relacional aparece un campo de inteligencia compartido, receptivo y palpable que no puede emerger por sí solo.

Despertar implica asumir responsabilidades en el mundo.

Ya sea a través del activismo, el servicio o la oración colectiva.

No somos seres aislados, somos campos de afectación relacional.

En tiempos de crisis global, una trascendencia que ignore la justicia social, la ecología o la política es otra forma de evasión de la realidad.

Materia consciente

El dualismo opone espíritu y materia.

Una espiritualidad encarnada los entiende como colaboradores: la consciencia permea gradualmente la biología hasta que las mismas células participan de ella.

No buscamos un paraíso en otro lugar, sino asentado en la propia carne.

Mientras estemos aquí, la encarnación no es negociable.

Nos enraizamos no para limitar el espíritu, sino para hacerlo tangible, ético y real.

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